La accesibilidad lingüística se ha convertido en una de las responsabilidades fundamentales de las organizaciones modernas. A medida que los servicios, las interacciones y las experiencias siguen evolucionando, aumentan las expectativas de comunicación inclusiva. Regulaciones como la Ley Europea de Accesibilidad (EAA), la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA) y el Proyecto de Ley del Senado de California 707 (SB 707) han acelerado este cambio al establecer requisitos claros para la comunicación accesible. Sin embargo, el cumplimiento por sí solo no es suficiente. Las organizaciones que tratan la accesibilidad lingüística simplemente como una lista de verificación corren el riesgo de perder la oportunidad de crear experiencias verdaderamente usables, centradas en el ser humano y preparadas para el futuro.


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